De secuelas largamente esperadas y ambiciosos remakes a unos cuantos proyectos originales con mucho potencial, estos son los 15 juegos que más ganas tenemos de probar este año.
Gracias a juegos fantásticos como Stray, Tunic y Bayonetta 3, 2022 dio motivos de sobra para que los jugadores mantuvieran los mandos bien cargados. Y eso sin contar con que estas excelentes entregas quedaron encajadas entre dos auténticos bombazos, Elden Ring y God of War Ragnarok.
Una encantadora aventura de plataformas protagonizada por un gato en un mundo cyberpunk que merece la pena explorar.
Los protagonistas silenciosos no son nada nuevo en los videojuegos, pero Stray lleva ese concepto a un lugar realmente interesante. Mitad plataformas, mitad aventura clásica, este mundo cyberpunk lleno de robots bañados en neón se convierte en un gigantesco parque de juegos desde tu perspectiva, que está a un palmo del suelo. La idea de ponerte en las patas de un gato común puede parecer una tontería a primera vista, pero Stray aprovecha ese vehículo peludo para contar una historia genuinamente cautivadora con algo de acción entretenida por el camino. No todas sus ideas caen de pie, pero me resultó imposible quitarme la sensación tierna que me transmitió desde los adorables minutos iniciales.
2022 fue un año repleto que incluyó favoritos independientes (Immortality), superproducciones (God of War Ragnarok) y éxitos más pequeños y sorprendentes (Marvel Snap), así que no debería extrañar que algún juego se te haya pasado por alto. Pero el lanzamiento más fácil de perderse quizá sea Need for Speed Unbound, de finales de noviembre, la última entrega de la veterana serie de carreras callejeras de EA. Con Criterion Games (la de Burnout) al mando, Unbound tenía potencial para ser uno de los mejores juegos de carreras del año, o para devolver a la serie a su mejor nivel tras algunos tropiezos. Pero, aunque es atractivo visualmente y ofrece juego multiplataforma con PlayStation 5 y Xbox Series X/S, este juego de PC de $69,99 carece de un manejo de los coches satisfactorio y de un mundo de juego vivo.
Desde el primer bocinazo de la icónica sirena de cuenta atrás de la saga, hay momentos en Gran Turismo 7 en los que casi parece un remake del original de 1997. En un instante vuelvo a tener 16 años y estoy metiendo turbos atronadores en un Mitsubishi GTO rojo brillante, preguntándome cómo voy a ganar a mi padre en Trial Mountain cuando él siempre se queda el DualShock y yo tengo que conformarme con el único otro mando que teníamos: un horrible mando genérico azul translúcido sin sticks analógicos. Esa es una magia que una saga de videojuegos no puede comprar; solo puede ganársela. Gran Turismo 7 tiene esa magia: ese ciclo adictivo de mejora de coches que estableció la saga, además de un aspecto espectacular y un manejo excelente que lo respaldan. Pero Gran Turismo 7 es mucho más que la suma de su nostalgia, aunque todavía mantiene algunas tradiciones que debería haber dejado en el retrovisor.
Taiwan External Trade Development Council