2022 fue un año repleto que incluyó favoritos independientes (Immortality), superproducciones (God of War Ragnarok) y éxitos más pequeños y sorprendentes (Marvel Snap), así que no debería extrañar que algún juego se te haya pasado por alto. Pero el lanzamiento más fácil de perderse quizá sea Need for Speed Unbound, de finales de noviembre, la última entrega de la veterana serie de carreras callejeras de EA. Con Criterion Games (la de Burnout) al mando, Unbound tenía potencial para ser uno de los mejores juegos de carreras del año, o para devolver a la serie a su mejor nivel tras algunos tropiezos. Pero, aunque es atractivo visualmente y ofrece juego multiplataforma con PlayStation 5 y Xbox Series X/S, este juego de PC de $69,99 carece de un manejo de los coches satisfactorio y de un mundo de juego vivo.
Olvidaos de los numerosos necromorfos, de los torsos torturados que brotan de las paredes o del aterrador y gigantesco esfínter espacial: lo que más miedo me daba al empezar el remake de Dead Space era que no estuviera a la altura de mis gratos recuerdos del fantásticamente terrorífico original de 2008. Tras algo más de 12 horas recorriendo la renovada USG Ishimura, me alegra decir que, de las muchas cosas que dan auténtico miedo en este casco espacial encantado, esa no era una de ellas. Este nuevo Dead Space mejora el original en casi todos los sentidos: usa un cortador de plasma para dejar en la sala de montaje sus apéndices más feos, conserva la esencia de lo que hacía tan especiales sus disparos, basados como ningún otro en el desmembramiento, e injerta nuevos y bienvenidos detalles de los personajes para presentar su inquietante historia de terror y ciencia ficción bajo su mejor luz y entre sus sombras más intimidantes.
Al principio tenía miedo, estaba petrificado: no dejaba de pensar «¿cómo podrá Respawn superar su extraordinario Star Wars Jedi: Fallen Order?». Pero luego pasé tantas noches jugando a la secuela descubriendo cómo lo habían conseguido, Cal Kestis se hizo fuerte y aprendí a llevarme bien con él. Y ahora estamos de vuelta, en el espacio exterior… vale, vale, ¡no os vayáis! Ya paro. Lo importante es que, con unas opciones de combate enormemente ampliadas, mapas más grandes y abiertos, muchísimas más habilidades con las que jugar y suficientes coleccionables para llenar un carguero corelliano, Star Wars Jedi: Survivor es en muchos sentidos el Batman: Arkham City del Arkham Asylum que era Fallen Order. Y, al igual que hicieron los Arkham con Batman, nada más consigue plasmar de forma tan convincente lo que es jugar como usuario de la Fuerza.