En las 87 horas que tardé en terminar Elden Ring, pasé por una auténtica montaña rusa de emociones: rabia cuando me machacaban sus retos más duros, euforia cuando por fin los superaba y bastante pena por las montañas de experiencia que perdí por el camino ante algunos de los jefes más duros que FromSoftware ha concebido jamás. Pero, por encima de todo, estuve casi constantemente asombrado: por las muchas vistas que quitan el aliento, por la inmensa escala de un mundo enorme, por unos enemigos a menudo angustiosos y por la forma en que Elden Ring casi siempre recompensaba mi curiosidad con un encuentro interesante, una recompensa valiosa o algo aún mejor. FromSoftware recoge el testigo que The Legend of Zelda: Breath of the Wild puso en marcha y sale corriendo con él: crea un mundo abierto fascinante y denso centrado ante todo en la libertad y la exploración, y a la vez consigue entretejer sin costuras un Dark Souls completo en medio de él. No debería sorprender a nadie que Elden Ring haya acabado siendo una de las experiencias de juego más inolvidables que he tenido.
Una encantadora aventura de plataformas protagonizada por un gato en un mundo cyberpunk que merece la pena explorar.
Los protagonistas silenciosos no son nada nuevo en los videojuegos, pero Stray lleva ese concepto a un lugar realmente interesante. Mitad plataformas, mitad aventura clásica, este mundo cyberpunk lleno de robots bañados en neón se convierte en un gigantesco parque de juegos desde tu perspectiva, que está a un palmo del suelo. La idea de ponerte en las patas de un gato común puede parecer una tontería a primera vista, pero Stray aprovecha ese vehículo peludo para contar una historia genuinamente cautivadora con algo de acción entretenida por el camino. No todas sus ideas caen de pie, pero me resultó imposible quitarme la sensación tierna que me transmitió desde los adorables minutos iniciales.
Como muchos, llevo esperando un juego de Harry Potter realmente excelente desde tercero de primaria. En todo ese tiempo hemos tenido algunos juegos de LEGO Potter respetables, un decepcionante juego de quidditch de EA Sports por algún motivo, e incluso hemos sufrido la pesadilla febril que es Harry Potter Kinect. Pero ninguno se ha acercado a cumplir la fantasía de recibir una carta de admisión de Hogwarts que abre la puerta a un mundo secreto. Con Hogwarts Legacy, me alegra decir que por fin tenemos un juego de Harry Potter que captura parte de esa magia. Su mapa de mundo abierto clava por completo el ambiente del Colegio Hogwarts de Magia y Hechicería, su combate a base de hechizos es desmayantemente bueno, los personajes que lo habitan son encantadores e inolvidables, y rebosa de innumerables distracciones capaces de absorber decenas de horas de tu tiempo. Puede que no sea el logro técnico más impresionante y sin duda arrastra la maldición de una escasa variedad de enemigos, pero ninguno de los problemas de Hogwarts Legacy puede lanzar un encantamiento Descendo sobre esta triunfal visita al mundo mágico.
Tras los excelentes remakes de Resident Evil 2 y 3 lanzados en 2019 y 2020, parecía una apuesta segura que Capcom haría un trabajo igual de admirable al reconstruir Resident Evil 4. Aun así, cuando pulsé el botón de inicio en este remake de 2023 del legendario juego de acción y terror de 2005, no estaba preparado para la fuerza con la que me haría flaquear las rodillas y me lanzaría de cabeza a 16 horas de tensión y euforia constantes. Esta campaña completamente revitalizada supera de forma espectacular al original en casi todos los aspectos imaginables. Su escenario en la campiña española es mucho más siniestro, su ritmo se ha ajustado hasta el punto de que apenas se desperdicia un minuto y sus controles se han modernizado para que sus características mecánicas de disparo dinámico brillen de verdad. Llevo 18 años esperando un juego que me emocione igual que Resident Evil 4; resulta que todo este tiempo lo que esperaba era otro Resident Evil 4.