Remake del clásico de terror de supervivencia y ciencia ficción de Electronic Arts de hace 15 años, Dead Space busca conservar la atmósfera aterradora, la acción empapada de sangre y una narrativa tensa y llena de giros
Olvidaos de los numerosos necromorfos, de los torsos torturados que brotan de las paredes o del aterrador y gigantesco esfínter espacial: lo que más miedo me daba al empezar el remake de Dead Space era que no estuviera a la altura de mis gratos recuerdos del fantásticamente terrorífico original de 2008. Tras algo más de 12 horas recorriendo la renovada USG Ishimura, me alegra decir que, de las muchas cosas que dan auténtico miedo en este casco espacial encantado, esa no era una de ellas. Este nuevo Dead Space mejora el original en casi todos los sentidos: usa un cortador de plasma para dejar en la sala de montaje sus apéndices más feos, conserva la esencia de lo que hacía tan especiales sus disparos, basados como ningún otro en el desmembramiento, e injerta nuevos y bienvenidos detalles de los personajes para presentar su inquietante historia de terror y ciencia ficción bajo su mejor luz y entre sus sombras más intimidantes.