En lo que se refiere a juegos de rol desmesurados, es difícil superar los mundos e historias disparatados que ya espero de la saga Xenoblade Chronicles. Xenoblade Chronicles 3 introduce enormes mejoras en el combate, el diseño de misiones y el sandbox de rol, y conserva los escenarios absurdos e impresionantes y un enfoque láser en personajes estupendos y una historia impresionante (aunque enrevesada). Eso sí, aunque esta tercera entrega evoluciona en algunos aspectos clave que hacen el épico viaje más divertido de forma más constante que los dos juegos principales que la precedieron, también repite algunos de los mismos errores, como una escritura descuidada, jefes flojos y unos gráficos que a menudo dejan que desear. Aun así, Xenoblade Chronicles 3 ya compite por ser mi entrega favorita de esta querida serie.
No esperaba que el patinaje sobre ruedas y los disparos en tercera persona combinaran tan bien como el chocolate y la mantequilla de cacahuete, pero Rollerdrome demuestra que es posible. Al inventar, en esencia, un nuevo deporte para un jugador, Roll7, la desarrolladora de OlliOlli World, ha encontrado suficientes formas de que brillen las dos caras de esta moneda tan singular sin que resulte abrumador. Si a eso le sumamos un mundo intrigante en el que pasan más cosas más allá del deporte de lo que cabría esperar, me he visto enganchado partida tras partida a este caos de patinaje y disparos.
Entre las asignaciones, los bancos públicos de desarrollo recibieron 300.000 millones de yuanes adicionales (44.000 millones de dólares), destinados principalmente a financiar proyectos de infraestructura. Junto con las medidas se anunciaron normas estrictas que exigen que los proyectos sean rentables y estén bien orientados.
Los gobiernos locales recibieron luz verde para usar más de 500.000 millones de yuanes (73.000 millones de dólares) de las cuotas existentes de bonos especiales, y se les prometió una reducción de los costes de financiación mediante cambios en los tipos de interés.
En plena crisis energética provocada por graves sequías y olas de calor, el Gobierno dijo que las eléctricas gestionadas por el Gobierno central podrán vender 200.000 millones de yuanes (29.000 millones de dólares) en deuda especial para garantizar un suministro energético suficiente.
Casi hay que admirar el hedonismo de mirar The Last of Us Remastered, que ocho años después sigue siendo visualmente impresionante, y decir: «Sí, se ve bastante bien, pero podemos hacerlo mejor». Poco queda por decir del The Last of Us original, un potente cóctel posapocalíptico de sigilo, supervivencia y matanza venerado por su inquietante narrativa en un mundo increíblemente bien construido. Casi seguro que ya lo sabías. Está ampliamente considerado uno de los mejores juegos de todos los tiempos y uno de los pocos que han recibido un 10 de IGN, pero supongo que eso también lo sabías. De hecho, es un juego tan bueno que lo hicieron tres veces, y ahí es donde nos encontramos con The Last of Us Part I, ya la tercera versión de la obra maestra de Naughty Dog de 2013 que llega en menos de una década.
Históricamente, las campañas para un jugador de Splatoon se han centrado en acostumbrarte a las aguas de sus modos de combate multijugador, mucho más frenéticos y agitados. La campaña de Splatoon 3, titulada The Return of the Mammalians, arranca en un terreno tan familiar que al principio temí pasarme las siguientes horas arrastrándome por tutoriales sobre fundamentos que había aprendido dos juegos atrás. Por suerte, enseguida me cambiaron los esquemas, con un planteamiento totalmente nuevo del diseño de mundo central de la serie combinado con algunas de las mejores ideas del Octo Expansion de Splatoon 2. Splatoon 3 me dejó decidir con audacia si quería abrirme mi propio camino hacia cualquiera de sus 70 misiones breves e ingeniosas, y elegir adónde ir después mientras exploraba su mundo lleno de pelusa viscosa. Muchos de los enemigos que encontré allí no habían cambiado respecto a los Splatoon anteriores, pero me lo pasé en grande superando la gran variedad de objetivos hasta llegar al explosivo y satisfactorio final de la campaña.