Olvidaos de los numerosos necromorfos, de los torsos torturados que brotan de las paredes o del aterrador y gigantesco esfínter espacial: lo que más miedo me daba al empezar el remake de Dead Space era que no estuviera a la altura de mis gratos recuerdos del fantásticamente terrorífico original de 2008. Tras algo más de 12 horas recorriendo la renovada USG Ishimura, me alegra decir que, de las muchas cosas que dan auténtico miedo en este casco espacial encantado, esa no era una de ellas. Este nuevo Dead Space mejora el original en casi todos los sentidos: usa un cortador de plasma para dejar en la sala de montaje sus apéndices más feos, conserva la esencia de lo que hacía tan especiales sus disparos, basados como ningún otro en el desmembramiento, e injerta nuevos y bienvenidos detalles de los personajes para presentar su inquietante historia de terror y ciencia ficción bajo su mejor luz y entre sus sombras más intimidantes.
Como muchos, llevo esperando un juego de Harry Potter realmente excelente desde tercero de primaria. En todo ese tiempo hemos tenido algunos juegos de LEGO Potter respetables, un decepcionante juego de quidditch de EA Sports por algún motivo, e incluso hemos sufrido la pesadilla febril que es Harry Potter Kinect. Pero ninguno se ha acercado a cumplir la fantasía de recibir una carta de admisión de Hogwarts que abre la puerta a un mundo secreto. Con Hogwarts Legacy, me alegra decir que por fin tenemos un juego de Harry Potter que captura parte de esa magia. Su mapa de mundo abierto clava por completo el ambiente del Colegio Hogwarts de Magia y Hechicería, su combate a base de hechizos es desmayantemente bueno, los personajes que lo habitan son encantadores e inolvidables, y rebosa de innumerables distracciones capaces de absorber decenas de horas de tu tiempo. Puede que no sea el logro técnico más impresionante y sin duda arrastra la maldición de una escasa variedad de enemigos, pero ninguno de los problemas de Hogwarts Legacy puede lanzar un encantamiento Descendo sobre esta triunfal visita al mundo mágico.
#NEWS Demon Slayer: Kimetsu no Yaiba -To the Swordsmith Village- World Tour coming in 2023 with premiere event in Los Angeles on February 18th and theatrical release in the U.S. and Canada on March 3rd! #DemonSlayerWorldTour pic.twitter.com/HaEzD7Ypsh
— Demon Slayer: Kimetsu no Yaiba (English) (@DemonSlayerUSA) December 10, 2022
Hivemapper recurrió a conductores de VTC, repartidores y camioneros con cámaras de salpicadero para recopilar 1 millón de kilómetros únicos de datos cartográficos actualizados.
Hivemapper, la startup que instala cámaras de salpicadero en vehículos de VTC y de reparto para cartografiar el mundo, está un poco más cerca de su objetivo de derribar el imperio cartográfico B2B que ha construido Google.
Con solo el 2 % de las carreteras del mundo cartografiadas, Hivemapper sigue siendo claramente el rival más débil en esta pelea. Pero Gabe Nelson, jefe de operaciones de Hivemapper, cree que la startup está llegando a un punto de inflexión que la llevará a crecer de forma exponencial.
Hivemapper dijo el jueves que había recopilado más de 1 millón de kilómetros (unas 620.000 millas) de imágenes únicas a pie de calle. Frente a los 60 millones de kilómetros de Google, es poca cosa. Sin embargo, Hivemapper reunió estos datos en los últimos tres meses. A Google le llevó de 2007 a 2019 recopilar 16,1 millones de kilómetros de datos únicos de carreteras.
Ahora la startup aspira a cartografiar 10 millones de kilómetros únicos de carretera para principios del año que viene.
Hivemapper depende de colaboradores individuales de todo el mundo para recopilar sus datos a pie de calle, en lugar de gastar millones de dólares en poner en circulación vehículos cartográficos propios. Sus cámaras de salpicadero cuentan con un sensor de imagen de alta calidad y un GPS preciso, y cuestan $549. Cartografiar con cámaras de salpicadero, según la empresa, hace que sus datos se actualicen continuamente, mientras que muchas de las imágenes de Street View de Google, sobre todo fuera de los núcleos urbanos, tienen más de una década de antigüedad.