Próximas fechas: 0 · Todos los pins: 11
Aún no hay nada próximo. Último: Street Fighter 6 saldrá a la venta el 2 de junio de 2023 en PC, Xbox Series X/S, PlayStation 4 y PlayStation 5, .
¿Cómo se da continuidad a uno de los mejores videojuegos de todos los tiempos? Sony Santa Monica se encuentra en una situación parecida a la de Francis Ford Coppola cuando hizo la secuela de su obra maestra del cine de mafiosos, El padrino. Como la segunda parte de la historia de los Corleone, God of War Ragnarok pone bajo el microscopio a un miembro más joven y feroz de la familia. Al hacerlo, logra alcanzar las cotas de su predecesor y, en algunos aspectos, incluso superarlo. La escritura, las interpretaciones y la música son excepcionales y dan vida a este extenso tapiz nórdico, pero mientras sostiene tu corazón en una mano con su historia elegantemente contada, en la otra tritura huesos con un combate fantásticamente feroz. Todo se une para forjar una monumental epopeya de acción que añade otro hito impresionante al panorama de los videojuegos.
Tengo en tan alta estima el combate de la saga Bayonetta que lo situaría entre los cinco mejores sistemas de combate de todos los tiempos, junto a los juegos de Devil May Cry, God of War, Ninja Gaiden y Batman Arkham. Es increíble de ver, igual de asombroso de jugar y está repleto de oportunidades para el estilo y la creatividad gracias al amplio surtido de armas alocadas a tu disposición. Bayonetta 3 no hace sino consolidar su legado, y se presenta como una secuela sorprendente en el sentido de que asume muchos riesgos al cambiar su fórmula establecida para revitalizar un sistema de combate que apenas evolucionó entre los dos primeros juegos. Por suerte, esos riesgos salen bien. Bayonetta 3 es una secuela revitalizada con ideas nuevas que dan brío a su sistema de combate de 13 años, una variedad impresionante a lo largo de su campaña de 10 a 12 horas y más de ese estilo sexy tan característico de Bayonetta que hace única a la saga.
Cuando un juego da con una buena idea, algunos desarrolladores se conforman con ir a lo seguro en la secuela, con unos cuantos retoques pero ciñéndose en gran medida a lo que funcionó la primera vez. Tiene todo el sentido. Pero Mario + Rabbids: Sparks of Hope no es ese tipo de secuela: aunque Mario + Rabbids: Kingdom Battle nos sorprendió a todos con su inteligente táctica al estilo de XCOM con ropaje de Nintendo, esta continuación conserva sus mejores ideas pero se reinventa hasta el punto de que enseguida se siente muy distinta. Es más grande y mejor en casi todo, con un combate más libre y personalizable y un mundo principal repensado casi por completo, mucho menos lineal y repleto de puzles. La historia es un caos y la Switch no siempre puede con todo con fluidez, pero es un juego fantástico que puede jugarse como un agradable paseo o como un desafío táctico profundo y exigente, sin perder en ningún momento su disparatado sentido del humor.
La historia se retoma en el Reino Champiñón tras la invasión de los Rabbids, y todo se vuelve aún más raro enseguida cuando llega del espacio una mantarraya gigante para causar problemas. La historia es, de hecho, uno de los pocos tropiezos de Sparks of Hope: la mezcla transdimensional de personajes de Mario y Rabbids chiflados del original es completamente absurda, pero a su manera tiene cierto sentido. Esta vez, en cambio, una enemiga sin ninguna relación con lo anterior lo cubre todo de lo que en la práctica es el limo corrupto con ojos de Ganon en Breath of the Wild, y la mayoría de sus secuaces, aunque no todos, son también Rabbids por algún motivo. ¿Y además tenemos una nave espacial para viajar entre mundos, literalmente? A su lado, Kingdom Battle parece anclado en la realidad, algo que nunca pensé que diría de ese juego. No esperaba un trasfondo profundo ni nada parecido, pero es un poco lío. Eso sí, tiene chistes bastante buenos de forma constante, así que al menos me reía mientras me rascaba la cabeza.
Históricamente, las campañas para un jugador de Splatoon se han centrado en acostumbrarte a las aguas de sus modos de combate multijugador, mucho más frenéticos y agitados. La campaña de Splatoon 3, titulada The Return of the Mammalians, arranca en un terreno tan familiar que al principio temí pasarme las siguientes horas arrastrándome por tutoriales sobre fundamentos que había aprendido dos juegos atrás. Por suerte, enseguida me cambiaron los esquemas, con un planteamiento totalmente nuevo del diseño de mundo central de la serie combinado con algunas de las mejores ideas del Octo Expansion de Splatoon 2. Splatoon 3 me dejó decidir con audacia si quería abrirme mi propio camino hacia cualquiera de sus 70 misiones breves e ingeniosas, y elegir adónde ir después mientras exploraba su mundo lleno de pelusa viscosa. Muchos de los enemigos que encontré allí no habían cambiado respecto a los Splatoon anteriores, pero me lo pasé en grande superando la gran variedad de objetivos hasta llegar al explosivo y satisfactorio final de la campaña.
Una encantadora aventura de plataformas protagonizada por un gato en un mundo cyberpunk que merece la pena explorar.
Los protagonistas silenciosos no son nada nuevo en los videojuegos, pero Stray lleva ese concepto a un lugar realmente interesante. Mitad plataformas, mitad aventura clásica, este mundo cyberpunk lleno de robots bañados en neón se convierte en un gigantesco parque de juegos desde tu perspectiva, que está a un palmo del suelo. La idea de ponerte en las patas de un gato común puede parecer una tontería a primera vista, pero Stray aprovecha ese vehículo peludo para contar una historia genuinamente cautivadora con algo de acción entretenida por el camino. No todas sus ideas caen de pie, pero me resultó imposible quitarme la sensación tierna que me transmitió desde los adorables minutos iniciales.
A primera vista, Two Rock (Arizona) no es más que un pueblo perdido habitado por poco más que matojos rodantes y unas cuantas hileras de casas. Pero muy pocas cosas son lo que parecen, y basta una pequeña tragedia que abarca varias décadas para revelar las muchas capas de profundidad narrativa de As Dusk Falls. Y todo gira en torno a la historia, ya que se trata de una novela gráfica al estilo de «elige tu propia aventura» que toma con inteligencia ideas de juegos como la serie The Walking Dead de Telltale y 13 Sentinels: Aegis Rim. Cada miembro de este reparto de voces de personajes únicos e interesantes tiene sus propias motivaciones emocionales, a menudo enfrentadas, que impulsan la historia en lo que parecen cientos de direcciones lógicas e inteligentemente conectadas. A través de las consecuencias poderosas y a menudo de largo alcance de tus propias acciones, este pequeño pueblo se revela poco a poco como un polvorín lleno de secretos, vicios y lazos familiares mucho más profundos de lo que cualquier forastero podría esperar al principio.
Kirby no es ajeno a la reinvención. Además de su capacidad para transformarse en todo tipo de formas y tamaños, los juegos en los que aparece suelen experimentar también con nuevos escenarios y mecánicas: ya sea hacer rodar a un Kirby sin extremidades con el lápiz de DS en Canvas Curse, pilotar robots en Planet Robobot o cambiar de raíz su forma de transformarse en Epic Yarn. Kirby y la tierra olvidada podría parecer a primera vista otra incorporación a esa lista, esta vez transformando la estructura tradicionalmente 2D en niveles 3D. Pero, en realidad, este plataformas se siente como el siguiente gran paso de una fórmula de Kirby más clásica y no como una ruptura con ella, y traslada con habilidad lo que me encanta de Kirby a una perspectiva nueva, aunque todavía familiar.
Desde el primer bocinazo de la icónica sirena de cuenta atrás de la saga, hay momentos en Gran Turismo 7 en los que casi parece un remake del original de 1997. En un instante vuelvo a tener 16 años y estoy metiendo turbos atronadores en un Mitsubishi GTO rojo brillante, preguntándome cómo voy a ganar a mi padre en Trial Mountain cuando él siempre se queda el DualShock y yo tengo que conformarme con el único otro mando que teníamos: un horrible mando genérico azul translúcido sin sticks analógicos. Esa es una magia que una saga de videojuegos no puede comprar; solo puede ganársela. Gran Turismo 7 tiene esa magia: ese ciclo adictivo de mejora de coches que estableció la saga, además de un aspecto espectacular y un manejo excelente que lo respaldan. Pero Gran Turismo 7 es mucho más que la suma de su nostalgia, aunque todavía mantiene algunas tradiciones que debería haber dejado en el retrovisor.
En las 87 horas que tardé en terminar Elden Ring, pasé por una auténtica montaña rusa de emociones: rabia cuando me machacaban sus retos más duros, euforia cuando por fin los superaba y bastante pena por las montañas de experiencia que perdí por el camino ante algunos de los jefes más duros que FromSoftware ha concebido jamás. Pero, por encima de todo, estuve casi constantemente asombrado: por las muchas vistas que quitan el aliento, por la inmensa escala de un mundo enorme, por unos enemigos a menudo angustiosos y por la forma en que Elden Ring casi siempre recompensaba mi curiosidad con un encuentro interesante, una recompensa valiosa o algo aún mejor. FromSoftware recoge el testigo que The Legend of Zelda: Breath of the Wild puso en marcha y sale corriendo con él: crea un mundo abierto fascinante y denso centrado ante todo en la libertad y la exploración, y a la vez consigue entretejer sin costuras un Dark Souls completo en medio de él. No debería sorprender a nadie que Elden Ring haya acabado siendo una de las experiencias de juego más inolvidables que he tenido.