Análisis de Gran Turismo 7 - IGN
Desde el primer bocinazo de la icónica sirena de cuenta atrás de la saga, hay momentos en Gran Turismo 7 en los que casi parece un remake del original de 1997. En un instante vuelvo a tener 16 años y estoy metiendo turbos atronadores en un Mitsubishi GTO rojo brillante, preguntándome cómo voy a ganar a mi padre en Trial Mountain cuando él siempre se queda el DualShock y yo tengo que conformarme con el único otro mando que teníamos: un horrible mando genérico azul translúcido sin sticks analógicos. Esa es una magia que una saga de videojuegos no puede comprar; solo puede ganársela. Gran Turismo 7 tiene esa magia: ese ciclo adictivo de mejora de coches que estableció la saga, además de un aspecto espectacular y un manejo excelente que lo respaldan. Pero Gran Turismo 7 es mucho más que la suma de su nostalgia, aunque todavía mantiene algunas tradiciones que debería haber dejado en el retrovisor.