Como un niño hasta arriba de azúcar que se abre paso hasta el fondo de una bolsa de golosinas de Halloween, A Plague Tale: Requiem está convencido de que lo que hizo grande al primer juego resultará aún más delicioso en cantidades desmesuradas. ¿Te gustaban los enormes enjambres de ratas? ¡Pues qué tal si multiplicamos su número por 1.000! ¿Disfrutaste de un viaje espeluznante y desgarrador que puso a prueba los límites de tu resistencia emocional? ¡Genial, aumentemos tu sufrimiento personal un 200 %! Esta continuación de uno de mis juegos de acción y aventura favoritos de la anterior generación de consolas sube el volumen hasta el 11 en prácticamente todos los aspectos, y sale ampliamente beneficiada de esa escalada, aunque a veces cargue un poco la mano con el nihilismo. Con unas mecánicas de sigilo y acción mejoradas, una historia fantástica (y profundamente deprimente) y unos gráficos que me dejaron boquiabierto, A Plague Tale: Requiem es una transformación impresionante que compensa con creces los inmensos horrores a los que me sometió.
Cuando un juego da con una buena idea, algunos desarrolladores se conforman con ir a lo seguro en la secuela, con unos cuantos retoques pero ciñéndose en gran medida a lo que funcionó la primera vez. Tiene todo el sentido. Pero Mario + Rabbids: Sparks of Hope no es ese tipo de secuela: aunque Mario + Rabbids: Kingdom Battle nos sorprendió a todos con su inteligente táctica al estilo de XCOM con ropaje de Nintendo, esta continuación conserva sus mejores ideas pero se reinventa hasta el punto de que enseguida se siente muy distinta. Es más grande y mejor en casi todo, con un combate más libre y personalizable y un mundo principal repensado casi por completo, mucho menos lineal y repleto de puzles. La historia es un caos y la Switch no siempre puede con todo con fluidez, pero es un juego fantástico que puede jugarse como un agradable paseo o como un desafío táctico profundo y exigente, sin perder en ningún momento su disparatado sentido del humor.
La historia se retoma en el Reino Champiñón tras la invasión de los Rabbids, y todo se vuelve aún más raro enseguida cuando llega del espacio una mantarraya gigante para causar problemas. La historia es, de hecho, uno de los pocos tropiezos de Sparks of Hope: la mezcla transdimensional de personajes de Mario y Rabbids chiflados del original es completamente absurda, pero a su manera tiene cierto sentido. Esta vez, en cambio, una enemiga sin ninguna relación con lo anterior lo cubre todo de lo que en la práctica es el limo corrupto con ojos de Ganon en Breath of the Wild, y la mayoría de sus secuaces, aunque no todos, son también Rabbids por algún motivo. ¿Y además tenemos una nave espacial para viajar entre mundos, literalmente? A su lado, Kingdom Battle parece anclado en la realidad, algo que nunca pensé que diría de ese juego. No esperaba un trasfondo profundo ni nada parecido, pero es un poco lío. Eso sí, tiene chistes bastante buenos de forma constante, así que al menos me reía mientras me rascaba la cabeza.
Tengo en tan alta estima el combate de la saga Bayonetta que lo situaría entre los cinco mejores sistemas de combate de todos los tiempos, junto a los juegos de Devil May Cry, God of War, Ninja Gaiden y Batman Arkham. Es increíble de ver, igual de asombroso de jugar y está repleto de oportunidades para el estilo y la creatividad gracias al amplio surtido de armas alocadas a tu disposición. Bayonetta 3 no hace sino consolidar su legado, y se presenta como una secuela sorprendente en el sentido de que asume muchos riesgos al cambiar su fórmula establecida para revitalizar un sistema de combate que apenas evolucionó entre los dos primeros juegos. Por suerte, esos riesgos salen bien. Bayonetta 3 es una secuela revitalizada con ideas nuevas que dan brío a su sistema de combate de 13 años, una variedad impresionante a lo largo de su campaña de 10 a 12 horas y más de ese estilo sexy tan característico de Bayonetta que hace única a la saga.
La mayor virtud de Modern Warfare 2 es que no tiene ningún truco, porque no lo necesita. Lo único que Modern Warfare 2 necesita ser es un gran shooter, y lo consigue. Este es el Cal
La mayor virtud de Modern Warfare 2 es que no tiene ningún truco, porque no lo necesita.
Lo único que Modern Warfare 2 necesita ser es un gran shooter, y lo consigue. Esta es la experiencia Call of Duty deconstruida, repensada y optimizada obsesivamente a lo largo de 15 años ininterrumpidos de iteración. Sé cuándo estoy jugando a un Black Ops porque tiene modos arcade excéntricos y la última versión de Nuketown. Sé que estoy jugando a un Modern Warfare porque el tiroteo está tan afinado que me dan ganas de invitar a cenar a mi configuración del Gunsmith. Infinity Ward domina oficialmente la gratificación instantánea de apuntar con la mira y borrar objetivos.
Eso cuenta mucho, aunque algunas de las mayores apuestas de Modern Warfare 2, como la progresión renovada y una campaña que mezcla géneros, son menos elegantes. También sufre una interfaz confusa, cierres inesperados, errores extraños y la inexplicable ausencia de funciones básicas como el seguimiento de estadísticas. Pero, en conjunto, es un buen año para Call of Duty.
¿Cómo se da continuidad a uno de los mejores videojuegos de todos los tiempos? Sony Santa Monica se encuentra en una situación parecida a la de Francis Ford Coppola cuando hizo la secuela de su obra maestra del cine de mafiosos, El padrino. Como la segunda parte de la historia de los Corleone, God of War Ragnarok pone bajo el microscopio a un miembro más joven y feroz de la familia. Al hacerlo, logra alcanzar las cotas de su predecesor y, en algunos aspectos, incluso superarlo. La escritura, las interpretaciones y la música son excepcionales y dan vida a este extenso tapiz nórdico, pero mientras sostiene tu corazón en una mano con su historia elegantemente contada, en la otra tritura huesos con un combate fantásticamente feroz. Todo se une para forjar una monumental epopeya de acción que añade otro hito impresionante al panorama de los videojuegos.
Todavía me parece increíble que, tras 26 años de RPG lineales y directos, la desarrolladora Game Freak mirara a los jugadores de Pokémon a los ojos y les dijera: «Tranquilos, vayan adonde quieran». En los días previos al lanzamiento de Pokémon Scarlet and Violet, pensé que esa promesa acabaría siendo un reclamo publicitario, una pequeña broma, algo por lo que todos nos enfadaríamos después. Pero desde el momento en que salí de los venerables pasillos de la Academia Uva, esa promesa se ha cumplido de maravilla, con una jugabilidad abierta en un mundo abierto que brilla como un faro para el futuro de esta querida franquicia. Y aun así, un dedo de la pata maldita de Mankey se ha doblado de todos modos: el diseño maravillosamente innovador de Scarlet and Violet queda gravemente socavado por las numerosas formas en que se sienten muy inacabados, con problemas que van desde un mundo incompleto hasta fallos técnicos enormes y omnipresentes. Así que, aunque quiero celebrar cómo esta generación reinventa y revitaliza el mundo de Pokémon, no puedo hacerlo sin ponerle una enorme etiqueta de advertencia.
2022 fue un año repleto que incluyó favoritos independientes (Immortality), superproducciones (God of War Ragnarok) y éxitos más pequeños y sorprendentes (Marvel Snap), así que no debería extrañar que algún juego se te haya pasado por alto. Pero el lanzamiento más fácil de perderse quizá sea Need for Speed Unbound, de finales de noviembre, la última entrega de la veterana serie de carreras callejeras de EA. Con Criterion Games (la de Burnout) al mando, Unbound tenía potencial para ser uno de los mejores juegos de carreras del año, o para devolver a la serie a su mejor nivel tras algunos tropiezos. Pero, aunque es atractivo visualmente y ofrece juego multiplataforma con PlayStation 5 y Xbox Series X/S, este juego de PC de $69,99 carece de un manejo de los coches satisfactorio y de un mundo de juego vivo.
Una de las cosas que más me gustan cuando veo a superhéroes pelearse es cuando alguien recibe un golpe tan fuerte que sale despedido hacia atrás y atraviesa muros macizos, hace estallar camiones cisterna o se estrella contra sus amigos. Es una demostración fantástica de lo fuertes que se supone que son estos personajes casi divinos, y siempre decepciona que un juego de superhéroes no logre transmitir esa sensación. Con Marvel’s Midnight Suns, sin embargo, Firaxis ha construido un sistema de combate táctico por turnos profundo e innovador en torno al placer de ver a Iron Man, el Doctor Strange, Blade y compañía zarandear a los enemigos como juguetes que quieren romper, y eso no ha dejado de divertir en las cerca de 75 horas de su campaña de rol, sorprendentemente extensa. Aunque buena parte de ese tiempo no transcurre en combate, y si bien resulta atractivo conocer de cerca a este elenco de más de una docena de héroes de Marvel, populares y menos conocidos, el juego tiende a pasarse un poco a la hora de convencer a los héroes más poderosos de la Tierra de que sean tus mejores amigos.
Puede que el año que viene resucite un remake como es debido, pero el cadáver putrefacto de Dead Space ya ha vuelto tambaleándose a la vida antes de tiempo en forma de The Callisto Protocol. Este sucesor espiritual de la serie de terror y supervivencia de ciencia ficción recrea los inquietantes pasillos manchados de sangre y la matanza de zombis espaciales que se establecieron por primera vez en la USG Ishimura allá por 2008, e inyecta al gore más asombro que nunca gracias a unas salpicaduras de sangre y vísceras de un detalle impresionante. Por desgracia, aunque el desmembramiento de mutantes nunca había sido tan vívido, los defectos de The Callisto Protocol se ven con la misma claridad. Algunas molestias puntuales con el control, un combate desequilibrado y una falta general de innovación dan como resultado una masacre de unas ocho horas gratificantemente sangrienta, pero que nunca llega a estar a la altura de la serie que la inspiró.
De secuelas largamente esperadas y ambiciosos remakes a unos cuantos proyectos originales con mucho potencial, estos son los 15 juegos que más ganas tenemos de probar este año.
Gracias a juegos fantásticos como Stray, Tunic y Bayonetta 3, 2022 dio motivos de sobra para que los jugadores mantuvieran los mandos bien cargados. Y eso sin contar con que estas excelentes entregas quedaron encajadas entre dos auténticos bombazos, Elden Ring y God of War Ragnarok.