The Legend of Zelda: Breath of the Wild reinventó una serie de 30 años de una forma que rara vez se ve. Después de que Skyward Sword ofreciera una campaña algo más lineal y centrada en la historia de lo que la mayoría de los fans estaban acostumbrados, Breath of the Wild dio un giro radical en la dirección opuesta. De repente se podía ir a cualquier parte y escalar cualquier cosa en el orden que uno quisiera, y madre mía, había muchísimo donde elegir.
Hay muchas críticas justas que hacerle a Breath of the Wild, y las más habituales son la falta de las mazmorras y los objetos tradicionales de Zelda. Pero lo verdaderamente impresionante es cuánto conservó el alma de un juego de Zelda aun cambiando casi todos los sistemas a su alrededor. Hasta cierto punto, Zelda siempre ha girado en torno a la exploración y la elección, y Breath of the Wild simplemente apostó por esos aspectos y los potenció por encima de todo, haciendo además que el mundo reaccionara a esas decisiones. Hay muchísimo que ver, mucha gente que conocer y muchos secretos que descubrir escondidos por esta versión de Hyrule devastada hace tiempo.