Desde el primer puñetazo, Sifu es absolutamente intransigente en su diseño. El último beat 'em up de artes marciales de Sloclap, la desarrolladora de Absolver, es audaz: su combate es exquisito, su animación de primer nivel, su música sobresaliente y su historia, aunque muy sencilla, es conmovedora y está narrada con elegancia. También es implacable y no pide disculpas, con momentos frustrantes en los que, desde luego, no estaba en mi zona de confort. Pero al final, Sifu me dio una sensación de dominio y logro casi incomparable, y no me imagino que lo hubiera disfrutado ni la mitad si se hubiera contenido.
Las secuelas de éxito se apoyan en sus predecesoras de muchas maneras: pensemos en Mass Effect 2, Assassin's Creed 2 y Uncharted 2. Todas mejoran lo anterior con nuevas y emocionantes mecánicas de juego, desarrollan a los personajes mediante historias absorbentes y cambian el diseño de las misiones para ofrecer variedad. Dicho de otro modo, toman una base sólida y la combinan con nuevos elementos para crear enlaces más avanzados, como una aleación… o, en este caso, una Aloy. Horizon Forbidden West lo hace con aplomo: se apoya en los ya impresionantes cimientos de Horizon Zero Dawn (2017) para contar una historia trepidante llena del conocido combate explosivo contra elaborados enemigos robóticos y de secuencias de acción de superproducción, pero además añade al mapa asentamientos al estilo de The Witcher y lo llena de grandes misiones secundarias. Hay una auténtica sensación de exploración y montones de trasfondo totalmente absorbente por descubrir detrás de todo ello. El resultado es un fantástico juego de acción y aventura de mundo abierto que, pese a caer en un par de sus viejos vicios, cumple con creces las promesas de hace cinco años.